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lunes, septiembre 25, 2006

Y... ¿CUÁNTO SACASTE...?

E. G. ALVIAL ABARCA 

 

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    La opinión pública chilena tiene una mala impresión de la educación, de hecho la nota 5.0 que había logrado tiempo atrás, hoy día sólo es 4.5. Centrada en la memoria, en el escaso manejo informático y sin saber cómo enfrentar contenidos más complejos, era de esperarse. El aprender a aprender sigue siendo el logro de algunos pocos colegios particulares pagados.

     Es necesaria una educación de calidad para que las universidades no acusen falta de estructuras cognitivas debidamente consolidadas. Es necesario cambiar el paradigma si queremos que el joven llegue a la universidad y pueda resolver problemas académicos y problemas de situaciones de su propia vida cotidiana. Esa es la realidad y al mismo tiempo el gran problema.

     Desde el enfoque memorístico, almacenamiento de conocimientos y su reproducción mecánica, es imposible fortalecer las competencias, es decir, es imposible que el joven aprenda, desaprenda y reaprenda, transformándose en constructor de su propio conocimiento. No se puede. Es imposible.

     Es urgente cuestionar el exceso de memorización, el énfasis de los contenidos y el producto, el exceso de aprendizaje reproductivo, la pobreza de las destrezas básicas y la falta de relación entre experiencia y capacidades reales del alumno. En su lugar, se requiere de una educación con énfasis en la espontaneidad, la autonomía, la construcción de los aprendizajes por parte del alumno. Más todavía, centrarse en el proceso y la estrategia, en las herramientas mentales duraderas, en el mejoramiento de las destrezas asociativas, regulaciones y control, matacognitivas y estimular la creatividad. Solamente de esta manera podremos desarrollar integralmente e integradamente a la persona, a nuestro alumno.

     El paso del pensador natural al pensador efectivo requiere más conocimientos y conciencia, porque el desarme del paradigma anterior toma tiempo, conocimientos, madurez, equilibrio y visión de futuro. Y lo que más complicado todavía, depende de la visión y misión ideales reales de la institución.

     En la actualidad, la competencia implica una carrera insensata para escalar el ranking; insensata porque se ocupa exclusivamente del producto, de los contenidos sin considerar las estrategias, sin considerar las motivaciones de toda la comunidad, sino sólo y exclusivamente el competir sin saber cómo llegar. Los jóvenes son adiestrados en lograr 700 u 800 puntos y no son fortalecidos en sus competencias.

     Impacto, miedo, inseguridad provocan los resultados de la PSU, SIMCE en los profesores, directivos, apoderados. ¿Se subió? ¿Se bajó? ¿Cuánto más? ¿Cuánto menos? Lo que cual se agrava más cuando aparecen los rankings de Qué Pasa, El Mercurio. ¿En qué lugar estamos? ¿Estamos entre los 100?

     Al actor central de esta tragedia tampoco le va tan bien, nadie le pregunta ¿qué eres capaz de hacer? A nadie le importa si es solidario con los demás, si respeta las etnias, si prefiere la paz y si tiene el dialogo como arma o si es un buen ciudadano. Nadie le pregunta si se siente persona. La pregunta le llega a mansalva, como un disparo desde la oscuridad: ¿cuánto sacaste?

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