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lunes, septiembre 25, 2006

ALGO SOBRE LOS ESTUDIANTES... EL MAYO 2006 DE SANTIAGO Y OTRAS COSAS...


E. G. ALVIAL ABARCA 

 

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        La conocida expresión no estar ni ahí fue quizás la síntesis que resumía todo el sentir de los jóvenes de una época, de sus aspiraciones, de sus sueños. Tan popular fue que se posesionó del ambiente que fue la fuente de innumerables chistes y de un humor especial.

     Que los jóvenes no estuvieran ni ahí, era, muy a pesar nuestro, una realidad que además los adultos magnificaron a tal punto que se utilizaba para justificar nuestra incapacidad de llegar al centro de nuestros alumnos y a sus verdaderas problemáticas. ¡Ellos no están ni ahí…! Y ante eso poco o nada podíamos hacer. Se aceptaba como una verdad absoluta.

        Y así nos fuimos quedando en silencio, como reza una canción popular, tanto que pasó a integrar uno de los paradigmas del curriculum oculto y que se traducía como alumnos sin voluntad para aprender, alumnos aburridos, flojos y desmotivados. Los resultados pronto llegaron: aumento en las cifras del fracaso escolar. Obvio, como la profecía autocumplida, era lo que se esperaba. La búsqueda de soluciones era complicada porque ellos no querían estudiar, ellos… ellos…

         Es por eso, en este estado de cosas aletargadas, por la convicción de que nada se podía hacer, sorprendió a muchos el mayo santiaguino 2006. Inmediatamente, por conveniencia quizás, el reconocimiento popular: era mentira que ellos no estaban ni ahí, y claro ante un grupo de estudiantes decididos a todo y hasta las últimas consecuencias, con auténticos líderes a la cabeza, era anacrónico sostener que los jóvenes eran o estaban aburridos, que no se preocupaban de su futuro, que no les interesaba el colegio, que querían perder tiempo y nada más. Y punto, como dice un ex ministro de estado. Y punto.

        Para descifrar todos los signos y discursos de este problema, es necesario la voz de los expertos, sociólogos, antropólogos, educadores, etc.. Por ello y lo que viene es una perspectiva que intenta comprender, desde una humildad socrática, el por qué o la salida a este nudo pedagógico que nos transversaliza, nos preocupa muchas veces y nos ocupa menos.

       Se pueden distinguir paradigmas que se entrecruzan tratando de convivir. Del mismo modo como el canadiense Mc Luhan se refería a los ambientes que creaban los medios cuando irrumpían: cada ambiente impone sus condiciones cuando se va adecuando o cuando el hombre se va adaptando a las apariciones tecnológicas. Los mismo ocurre con los paradigmas: cada paradigma quiere imponerse, porque refleja un orden, un estilo, una mirada de las cosas y de la existencia.

     En la escuela surge la paradoja: paradigma educativo, moderno, paradigma de los estudiantes, posmoderno; paradigma del ministerio de educación, posmodernista, paradigma de los docentes, modernista. Por lo tanto, se exige desde una perspectiva que la otra no puede responder o responde en un estilo propio a su circunstancia. La educación chilena se fija un propósito modificar la docencia tradicional a través de la modificación de la calidad y equidad en la formación de profesionales y modificar el enfoque de las profesiones y carrera docente para un grupo humano que se ha establecido en un paradigma y que a esta altura le resulta único y válido. ¿Para qué mejoramiento de las clases? ¿Para qué mayor esfuerzo si el sueldo apenas alcanza? Paradigma centrado en le profesor.

     Por otra parte, los jóvenes a caballo de las tecnologías, a siglos luces del profesor que recién se inicia y con mucho miedo en el uso del computador, son los especialistas en estas tecnologías. Nuestros padres entraban en estado de pánico cuando necesitaban grabar un casete y fuimos nosotros quienes los sacamos del atolladero y grabamos el casete. Hoy día, ante el manejo del PC son los jóvenes, nuestros estudiantes que lo hacen sin el menor problema. El padre del chiste que no quiere que su hijo abandone el hogar… porque después nadie podrá hacer funcionar los equipos de sonido, TV, CD o DVD, vídeos, máquinas digitales, etc., es el reflejo irónico de una realidad que ocurre a cada momento.

     Los paradigmas no se alcanzan, o no nos alcanzan porque es necesaria una revolución verdadera en nuestro interior, en nuestro enfoque, en nuestro chip. Así como los alumnos, necesitamos primero de la voluntad para el cambio. Pero las cosas han cambiado tanto que parece imposible y ante ello, mejor dejar las cosas como están, porque, además, no soy el único. Me queda el consuelo de… tantos.

     ¿Será posible motivar a nuestros estudiantes desde nuestra realidad de profesores? Como están las cosas no. La brecha generacional, el despertar a nuevos paradigmas centrado en los estudiantes para desarrollar el espíritu emprendedor, la capacidad creativa, el aprendizaje de competencias de orden superior, adaptación a situaciones emergentes, etc., es imposible desde cómodo paradigma. La brecha generacional, como decíamos, cada vez es mayor… no fueron los profesores quienes salieron a las calles buscando un nuevo tipo de estudiantes, sino al revés, fueron los estudiantes que salieron a buscar nuevos profesores, al nuevo profesor, parecido a Diógenes, que buscaba de día con una lámpara encendida a un verdadero hombre… y no lo encontró.

 

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