Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

domingo, septiembre 24, 2006

EDUCACIÓN: LA TRANSFORMACIÓN EN OBJETO (ESE OBSCURO OBJETO DEL DESEO NEOLIBERAL)


 E. G. ALVIAL ABARCA 

 

 medium_peliculas.3771.IMAGEN1.jpg

 Existe un creciente interés en el mundo por convertir la educación en un objeto. Es como si de pronto un fantasma fanático y frenético se cirniera sobre las sociedades despojando a la educación de todos aquellos valores humanos que la hacían comprender como una disciplina llena de humanidad y preocupación por la persona.

 En Sartre (1943)[1], el objeto está definido como el en-sí, que por ser tal, está completamente definido, acabado, terminado y que no necesita nada del mundo para-ser-lo-que-es, pues ya-es. Al contrario, el sujeto, en este caso el existente, es el para-sí, que intenta definirse a cada paso de su existencia en las decisiones que debe ir tomando para dejar de ser el proyecto que por esencia es. Pues, necesita definirse, encontrar su esencia, su sentido, su felicidad. No vamos a discutir en este momento si lo logra o no, si llega a definirse o no, destaquemos simplemente que como sujeto, como para-sí despliega toda su energía para ser feliz, como intento, como un esbozo de esfuerzo existencial.

 Desde los tiempos de la paideia, pasando por la edad media y el renacimiento, hasta nuestros tiempos modernos y contemporáneos, había existido una concepción antropológica de la educación que le otorgaba un espacio para desarrollar el punto de vista humano. Cada pensador, cada intelectual, opinaba de lo esencial que resultaba la educación para la cultura, la ciencia y el arte.

 La educación como objeto sería entonces un elemento cerrado, definido y completo y, por lo tanto, a la libre disposición de uso por parte de quien quiera utilizarla. Es lo que ha sucedido en este intento por llevar a este suceso social por el nuevo derrotero: el mercado. Examinemos algunas ideas en este sentido.

 Hoy, basta ver la televisión, leer algún diario, navegar por Internet o participar de alguna conversación para corroborar que existe un apresurado interés en que la educación sea convertida en objeto, los especialista en este tema han acuñado un concepto que resuena a economía pura: capital humano.

 En La Óptica Mercantilista De La Banca Multilateral, Venegas y Mora (2003)[2] anotan: “Las políticas educativas impulsadas por los organismos multilaterales de crédito en América Latina apuntan a la autonomía en la formación individual y a una superficialidad formativa que sólo abarque el conocimiento inmediato técnico y funcional del saber.” Conocimiento que debe ser práctico, útil para el capital financiero transnacional.

 Desde aquí surgen las nuevas ideas que asoman como guardianas de una educación objeto: al servicio de los recursos humanos, mercantilista, supervivencia de cada individuo, competitividad mundial, tecnologización extrema, legitimización de las formas de división sociales, y con un lenguaje que inunda esta nueva forma: se habla del cliente… mejorar la demanda… responder a la demanda social… adaptar la oferta a la demanda… gestionar los flujos… crear sinergias… competir para… realizar marketing… mejorar los open house de la escuela, el liceo o el colegio para mostrar la mejor empresa educacional… etc., etc.. Se trata del lenguaje que se hace transversal a todos los estamentos y personas con un solo fin: mejorar cada vez más al homo oeconomicus.

 Ante esta lluvia de filosofía liberal-materialista el centro educativo acoge las nuevas tendencias-exigencias que llevarán de todas maneras al éxito de la institución: se embarca en una carrera tecnológica sin fin, donde el espacio se llena de computadores, Internet, páginas Web para subir los contenidos y evitar el gasto de material escrito; se contratan profesores jóvenes, inexpertos, con diplomados o estudiantes de magíster muy baratos y concientizados para cumplir las metas claras y distintas: subir el nivel académico a como de lugar, pues a los alumnos, solamente hay que exigirles; se extienden las jornadas, se transforman horas pedagógicas en horas cronológicas, pues es más rentable, se ganan 15 minutos más sin tener que desembolsar ni un solo peso más; se establecen criterios de evaluación sólo para los profesores, pues allí radica el problema: colegios que han sido dirigidos por cinco o seis años por los mismos directivos deciden que el sistema falla por los profesores o por los alumnos o por los apoderados, pero falla: planillas enteras de profesores para recambiar: los más antiguos siempre reclaman por los derechos, los nuevos no. Ganancia a todo dar. El sistema tornándose en objeto, frío, impersonal, ajeno, frío, frío.

 El Proyecto Educativo es la carta fundamental, espiritual de los colegios-escuelas-liceos, pues allí se sintetizan todos los sueños, visiones, metas, objetivos de la institución, de la historia de la institución, respondiendo al por qué es un colegio-escuela-liceo, por lo que da paso a la libertad, al espíritu crítico, solidario, aceptante, social y político. A modo de conciencia socrática que aguijonea por la verdad, por el sentido y lo correcto moralmente. Pero la conciencia se puede obviar, el Proyecto Educativo se puede obviar: es un gran puzzle de utopías, difíciles de alcanzar: que quede como un sueño imposible o, en última instancia, como un slogan publicitario.

Aparecen entonces temas que atraviesan la institución de arriba abajo y que la van minando: juego de influencias, conservadurismo espiritual e intelectual, localismo en manos de feudales, reino del nimio detalle y de la norma, autoritarismo expreso, chivos expiatorios, decadencia moral, permisividad del error hasta el absurdo.[3]

 Y es por ello que el impacto se logra visualizar en todos los componentes de las unidades-comunidades educativas: profesores, alumnos, apoderados, administrativos, personal de servicio, etc.. Los actores centrales de todo el proceso educativo son los privilegiados del shock: los profesores y los alumnos.

 Estos últimos, sometidos al vendaval de la competencia, estudian entre los dos frentes: la familia y el colegio. Sometidos a stress inimaginable y reducidos a objeto, deben soportar un camino árido y solitario hasta la PSU.

 Los profesores, por otra parte, ven desvanecer los ideales de entrega, vocación, esfuerzo y profesionalismo con los cuales alguna vez se sintieron identificados, y a callar. Transformados en objetos, poco o nada tienen que decir, pues para criticar o cuestionar o proponer estos nuevos tiempos no reservan espacio ni voluntad.

Vista de este modo, el fenómeno social de la educación cuando es agredida de este modo, la agresión cubre todo el sistema educativo, el mundo de personas que día a día llegan con esperanzas, proyectos, sueños y metas al liceo-escuela-colegio se encuentran con los paradigmas economicistas que sólo divisan números, dólares o euros.

En este sentido la educación se aleja a pasos agigantados de la concepción educativa que nos habla de valores de la solidaridad, la justicia social, la democracia pues estos valores van a estar subordinados y regulados por el mercado, al servicio de las necesidades y los requerimiento del sistema productivo (PAVEZ, 2003)[4].

De esta manera el tema educativo ya no incluye a todos los grupos sociales y su misión principal es la transmisión de datos e información en pro del crecimiento de la ganancia[5], deja de ser un derecho de las sociedades y se transforma en un privilegio de unos pocos.

            Las protestas del Mayo 2006 de Santiago adquieren sentido en este contexto: es la crítica a un sistema que se ha fijado como objetivo mirar la educación desde la economía, como un objeto y objetivizando, a su paso, a profesores y alumnos. Por ello, el grito de los pingüinos[6] caló tan hondo y logró el apoyo de los profesores, quienes, en cada uno de sus lugares de trabajo, optaron por colaborarles. El problema se hacía extensivo también a ellos: náufragos en la misma isla.

 En la toma final de la película La lengua de las mariposa[7] de José Luis Cuerda (1999), cuando el profesor es llevado por la fuerzas franquistas, el niño, sumándose al pueblo, le grita llorando improperios matemáticos, que habían sido las enseñanzas, nos muestra lo que ocurre cuando un pueblo, la gente, o un país pierde la ciencia y la conciencia sobre temas que le son relevantes, como la educación. Cómo el camino hacia el ser objeto del hombre (profesor, alumno) es avalado por los hombres que han perdido el norte. En crisis la educación, implica cultura en crisis[8], y que en el fondo no es más que el hombre en crisis incapaz de construir junto a otros hombres una educación humanizadora, íntegra para un mundo más amable y cordial y que se inicia con el gesto, el gran gesto de humanidad que me lleva a reconocer al otro, a aceptar al otro como un yo en las mismas circunstancias existenciales, en aceptar la alteridad como una condición sine qua non del zoon politikón, en el vivir juntos, en medio de de las tensiones dialécticas del mundo: creación– conflicto, unicidad-multiplicidad, universalidad–especificidad, globalidad–localidad,  reconociendo y aprendiendo democracia, solidaridad, viviendo juntos en pro de la vida… solamente aprendiendo a decir “Hola, buenos días”. Gesto que no puede entender aquella cosmovisión que se esfuerza a cada momento por negar a ese hombre su derecho a la vida y a la educación.

 

 NOTAS


[1] SARTRE, JEAN PAUL,  El Ser y la Nada, Ediciones Altaza, Barcelona – España, 1996, página 32 – 36.

[2] LE MONDE DIPLOMATIQUE (selección de artículos), La Educación no es una Mercancía, Editorial Aún Creemos en los Sueños, 2003, Santiago de Chile, página 11.

[3] LE MONDE DIPLOMATIQUE (selección de artículos), La Educación no es una Mercancía, Editorial Aún Creemos en los Sueños, 2003, Santiago de Chile, página 54. (Errores que JEAN-FABIEN SPITZ ve en el sistema universitario, y que muy bien se pueden aplicar al sistema chileno, en algunos colegios que exigidos por la competencia y el rendimiento, no logran ordenar desde la educación la unidad educativa).

[4] LE MONDE DIPLOMATIQUE (selección de artículos), La Educación no es una Mercancía, Editorial Aún Creemos en los Sueños, 2003, Santiago de Chile, página 9.

[5] LE MONDE DIPLOMATIQUE (selección de artículos), La Educación no es una Mercancía, Editorial Aún Creemos en los Sueños, 2003, Santiago de Chile, página 12.

[6] Nombre que se les da a los estudiantes de secundaria por el uniforme que utilizan cotidianamente: chaqueta azul, pantalones grises, camisa blanca/celeste y corbata.

[7] La lengua de las mariposas, Nacionalidad: España Año: 1999 Género: Drama Formato: Color Director: José Luis Cuerda Guión: Rafael Azcona, Manuel Rivas, José Luis Cuerda Fotografía: Javier Salmones Música: Alejandro Amenábar Reparto: Fernando Fernán Gómez, Manuel Lozano, Tamar Novas, Guillermo Toledo, Celso Bugallo, Uxía Blanco

[8] LE MONDE DIPLOMATIQUE (selección de artículos), La Educación no es una Mercancía, Editorial Aún Creemos en los Sueños, 2003, Santiago de Chile, página 54. (JEAN-FABIEN SPITZ nos habla de la triple miseria que le ocurre a las universidades: miseria material, miseria intelectual, miseria moral. Estas miserias, sin duda, alcanzan a tocar algunos centros educativos nuestros).

          


01:40 Anotado en EDUCACION | Permalink | Comentarios (0)

Los comentarios son cerrados